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El dÃa que llegó la niebla más densa en décadas, el pueblo quedó aislado. Los barcos no podÃan salir, y la radio perdió la señal. Los pescadores, nerviosos, acudieron a LÃa: necesitaban señales sobre cuándo serÃa seguro volver. LÃa consultó sus notas, pero la niebla se comportaba de un modo que nunca habÃa visto. Las corrientes cambiaban sin aviso; sus mapas parecÃan escritos por otra mano.
Mara, en cambio, vivÃa en el patio de la plaza, entre libros polvorientos y las historias que los viajeros dejaban al pasar. TenÃa risa rápida y ojos que encendÃan curiosidad; sus manos tejÃan relatos, y en las noches contaba cuentos que mantenÃan encendida la luz de la vieja farola. Mientras LÃa buscaba certezas en los patrones del mar, Mara coleccionaba preguntas y los secretos de las personas. gemelas abello
Al amanecer, las gemelas se encontraron en la orilla. Sin muchas palabras, acordaron intentar lo que cada una creÃa: LÃa medirÃa las corrientes y posibles rutas para navegar con seguridad; Mara buscarÃa en las historias del pueblo cualquier pista sobre la campana y su melodÃa. Trabajaron en tándem: LÃa trazaba rutas seguras mientras Mara recitaba antiguas canciones y preguntaba a las abuelas por viejas leyendas. El dÃa que llegó la niebla más densa
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